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Historia.
El domingo 7 de diciembre de 1941, la noticia
recorrió el país y el mundo: la marina japonesa atacó la flota
estadounidense anclada en la base naval de Pearl Harbor, Hawai. El
ataque duró dos horas y destruyó cuatro viejos acorazados y
otros buques de guerra.Inmediatamente, el presidente Franklin
Roosevelt anunció que Estados Unidos se lanzaría a la guerra,
una guerra de autodefensa contra la perfidia y el expansionismo
del imperio japonés. Dijo: "Nuestro pueblo, nuestro
territorio y nuestros intereses están en grave peligro... He
pedido que el Congreso declare que desde que Japón lanzó este
cobarde ataque sin provocación alguna el domingo 7 de diciembre,
ha existido un estado de guerra entre Estados Unidos y el imperio
japonés".Este mito--que nació con las primeras bombas--se
repite hoy en la película Pearl Harbor. Pinta a Estados
Unidos como un "gigante durmiente", donde solo un puñado
de oficiales militares captaban la amenaza. Según el mito, la
población se había vuelto indulgente, pasiva e incapaz de
levantar las miras de la vida cotidiana, mientras que un enemigo
despiadado se preparaba para aprovechar su falta de
vigilancia.Esta película es tan sutil como un torpedo; es cien
por cien propaganda imperialista: "No se descuiden. El
mundo está lleno de peligros y en cualquier momento la patria
podría llamarlos a morir por la bandera".Porque sería
un error sumamente grave luchar en defensa de la dominación
yanqui y alabar a los militares de este sistema, es necesario
desenmascarar el mito de Pearl Harbor y de la II Guerra Mundial, y
decir la neta sobre lo que pasó.
¿Territorio de quién?
"Pacificamos y enterramos a miles de isleños;
destruimos sus tierras; incendiamos sus pueblos; echamos a la
calle a las viudas y huérfanos; consolamos con el asilo a unas
decenas de patriotas inconformes; subyugamos a las decenas de
millones restantes con la Asimilación Benévola, que es el nuevo
nombre hipócrita del mosquete... e izamos nuestra bandera
protectora... Y así, con estas Providencias de Dios... y la frase
es del gobierno, no mía..., somos una Potencia Mundial".
Mark Twain, después de la conquista
estadounidense de Filipinas, 1901
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